En moto alquilada por el Oeste Norteamericano (3): Salir en moto de San Francisco

 

Los primeros kilómetros los hacemos por la ciudad. Circulando tranquilos por la ciudad con la libertad que da hacerlo sobre una moto. Fuimos a ver el Golden Gate y descubrir algunos barrios más alejados del centro. Las primeras veces que me toca parar y arrancar en las empinadas calles de la ciudad impresiona un poco, pero en poco rato me acostumbro.

La primera sorpresa fue al subir literalmente a la autopista para abandonar la ciudad: así que era aquí donde estaba todo el tráfico. Un montón de carriles y un tráfico intenso. Nos dirigimos hacia el Bay Bridge para salir de la ciudad cruzando la bahía. Son cinco carriles en cada sentido, situados unos encima de los otros. El de salida es el de abajo. El tráfico tiene una velocidad constante, prácticamente en el límite permitido. Imposible pararse en el puente a hacer fotos.

Tras el puente, vino un momento complicado al tener que acertar en los numerosos cruces de autopistas que nos vamos encontrando. Si nos equivocásemos en alguno de estos cruces, dar la vuelta no sería nada fácil. Pero afortunadamente, vamos acertando con la dirección adecuada. La conducción en estas autopistas de velocidad constante y un montón de carriles se me hace tensa, pues no estoy acostumbrado. Más de una hora después de haber salido, todavía andábamos en cruces y más cruces de autopistas, y siempre con un tráfico denso. Las pocos motos que vamos viendo circulan adecuadamente por los carriles incluso en las retenciones y dentro de los límites de velocidad.

En la primera parada, nos encontramos con una curiosa Honda Goldwing de tres ruedas. Pensé en quien querría llevar ese invento. Pero inmediatamente me tuve que tragar mis palabras al bajar de la moto una persona cojeando ostensiblemente. Estuvimos charlando un rato con él, que resultó ser un veterano de la Guerra del Vietnam (llevaba un ostensible parche en la chaqueta). El conjunto era curioso y pintoresco.

Unos kilómetros más adelante se acaban las autopistas y comienza una carretera de doble sentido. Y allá fue donde nos equivocamos de carretera al cruzar una ciudad. Cuando parecía más fácil seguir el rumbo correcto. Aunque la orientación al este era buena (el sol que ya se estaba poniendo,nunca miente) no acertamos con la carretera que buscábamos. Nos encontramos circulando por una carretera secundaria de rectas infinitas. A derecha e izquierda ibamos viendo cada cierto rato la entrada de enormes ranchos. Pero no había nadie en la carretera y ninguna referencia de ciudades ni de kilometros (bueno, de millas) a algún lado. Solamente seguir, seguir y seguir mientras empezaba a oscurecerse el cielo.

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